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El siglo XXI va a ser el siglo de la globalización,
de la computación ubicua, de la vida artificial, de la pornografía
dulce, de la cultura online y del juego.
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.../de la globalización
Lo que ahora ocurre ante nosotros -realización de los sueños
más antiguos de la humanidad- tiene su origen próximo en
la agitación que ha caracterizado al pasado siglo. Un siglo de
guerras y revoluciones; un siglo de ciencia y tecnología; un siglo
que ha visto triunfar el capitalismo, la institución democrática
y la transparencia mediática; un siglo moralista (a pesar de toda
su inmoralidad); un siglo ideológica y culturalmente deconstructivo.
Un siglo que, según se le mire, resulta tremendo, conmovedor, macabro,
hilarante, diabólico o inocente. Algo que hay que olvidar... ¡Y
recordar!
Se han
desmoronado los tabúes sexuales más importantes. La política
y las naciones tal como las conocemos, apresuradamente reagrupadas en
bloques regionales, se acercan a su final, mientras se acelera la deslocalización
económica, social y cultural de las sociedades y de los individuos.
El planeta Tierra es un ecosistema con una mente cada vez más aguda
y consciente de las interdependencias locales y globales. La democracia
inteligente, por la que deberemos luchar, tendrá como objetivo
desalojar los viejos sistemas de poder en beneficio de una extendida autodisciplina,
cuyo control, cada vez más complejo, estará entregado a
una superestructura digital, sometida a la ley y la opinión. 
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La evolución
dominante del mundo contamina los sistemas sociales históricamente
más atrasados, incluso si creemos que resulta políticamente
correcto preservar los santuarios antropológicos que aún
existen en el planeta: los indios del Amazonas; pueblos africanos como
los pigmeos del Congo o los bosquimanos del desierto de Kalahari; los
nómadas del Sahara; las aldeas esquimales o los aborígenes
de Australia. Ésta es, seguramente, una de las cuestiones más
delicadas de la ética contemporánea. Deberemos confiar en
el trabajo de los antropólogos, los sociólogos y los psicólogos,
que dedican su vida a este problema, y darles nuestro apoyo cuando nos
ofrecen sus descripciones y las causas de lo que describen.
Pero si estos santuarios de humanidad pueden cuidarse de forma quirúrgica
en nombre de una filosofía menos etnocéntrica, ya no podemos
decir lo mismo de esas inmensas regiones del planeta, históricamente
atrasadas, pero claramente interesadas en la espiral desarrollista del
capitalismo democrático, tecnológico y mediático.
Brasil, en Sudamérica, Angola, Mozambique y Sudáfrica, en
el continente africano, China, en Asia, son resortes de la modernización
que va a transformar estos tres continentes a lo largo de este siglo.
Después de este "upgrade", el mundo ya nunca será
lo mismo. Y lo que sea para nosotros, los habitantes de este comienzo
de milenio, aún no podemos saberlo. 
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El problema
de la globalización se resume de este modo: los sistemas de poder
pretecnológicos están al borde de la quiebra y existe el
riesgo de que subsistan durante los próximos 50 años como
un fardo irracional para la humanidad. La política actual es cara
e ineficiente. Y la globalización, conducida por los actuales sistemas
de poder (y de fuerzas), tiende a generar conflictos sin solución
entre las perspectivas globales y locales en torno a la cuestión
de la división del trabajo y la distribución de la riqueza.
El programa de la globalización deberá basarse en la limitación
de los niveles de emisión de contaminantes a escala regional, nacional
y continental; en la redistribución de la riqueza mundial, la descentralización
tecnológica, la generalización de los sistemas de educación
permanente; la abolición de la pena de muerte en todo el mundo;
el refuerzo de poder de los tribunales de derechos humanos; el refuerzo
de las libertades y de los derechos y deberes democráticos de las
sociedades y de los individuos; en resumen, en la redacción de
una Constitución Universal de los Derechos Humanos capaz de sobreponerse
positivamente a las constituciones nacionales en materias fundamentales,
como es todo lo que se refiere al derecho a la vida y a la libertad de
la circulación digital. 
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../de
la computación ubicua
A pesar de los continuados esfuerzos en pos de la simplicidad y la accesibilidad
democrática y consumista a las herramientas tecnológicas,
la evolución técnica y, en especial, la evolución
de nuestros utensilios y prótesis computacionales apuntan sin duda
alguna a una exponencial complejidad de la tecnosfera , así como
a una más que segura desigual división del trabajo y la
riqueza. Esta tendencia implica, entre otras cosas, una actualización
radical de los conceptos de educación mínima, básica
y permanente y, asimismo, un nuevo tipo de debate político, basado
en presupuestos metodológicos y parámetros de competencia
argumentativa enteramente nuevos.
La asociación de los ordenadores a los sistemas de telecomunicaciones
está cambiando la economía, la política y los hábitos
sociales y culturales, potenciando, más rápidamente de lo
que se creía, la evolución de los dispositivos de representación
interactiva a distancia (telepresencia), cuya progresión histórica
enlaza el primitivo tantán con la tecnología UMTS, pasando
por el teléfono e Internet.
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Pero la
gran novedad de la World Wide Web, especialmente a través de los
teléfonos móviles de 3 generación , es la posibilidad
de idear, producir y acceder a, por lo menos, cuatro estados de interactividad:
- El de la interactividad viva: es decir, cuando los humanos interactúan
entre si en tiempo real; o cuando interactúan en tiempo real con
agentes computacionales inteligentes;
- El de la interactividad pasiva: es decir, cuando paseamos por la web,
por simple placer o buscando información/representación
específica;
- El de la interactividad diferida pasiva: es decir, cuando definimos
nuestras preferencias respecto de servidores de bases de datos, de correo,
etc., encargados de actualizar periódicamente los mensajes y los
contenidos que elegimos;
- Y, finalmente, el de la interactividad exógena: es decir, siempre
que configuramos un sistema de computación ubicua de la cual resulta
una ecología artificial del estilo: el GPS de mi coche comunica
con mi casa, que, a su vez, comunica con mi UMTS, que, a su vez, decide
comunicar conmigo o con un determinado agente inteligente a fin de regular
mil equilibrios profesionales, emocionales, logísticos, financieros,
legales, etc. 
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Estamos,
como se puede comprobar, muy lejos de la representación renacentista
basada en la ideología del "punto de vista" autorizado.
Inexorablemente, nos alejamos también de la explosiva percepción
visual del cubismo, de las fenomenologías de la abstracción
y de la expresión, de los conceptualismos didascálicos,
de los autismos antitecnológicos más recientes e incluso
de lo que se ha dado en llamar "estética de la recepción".
Si alguna estética ha de derivar de la ubicuidad de la tecnosfera
será sin duda una estética dinámica o, si se quiere,
una estética de la interacción (asimismo agonística...),
y una estética hiperhumana, en el sentido de que tendrá
que contar cada vez más con el sentido del humor y los gustos de
los nuevos actores inteligentes del ciberespacio.
La atomización de la inteligencia artificial moldeará,
de una forma que aún no somos capaces de prever, el futuro de la
humanidad y de sus representaciones.
¿Dónde están, pues, las nuevas vanguardias artísticas?
No las busque en los pasillos corruptos de la burocracia cultural del
siglo XX, que, de lo que estamos hablando, entiende tanto como los académicos
del siglo XIX entendían de impresionismo. 
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../de
la vida artificial
Los avances de la ciencia, la tecnología y la medicina nos han
llevado a la transgenia, a la clonación, a la reconstrucción
cibernética de partes del cuerpo humano y al diseño y cultivo
de tejidos y órganos humanos artificiales. Es decir, a la manipulación
genética, la reproducción asexuada y la vida artificial.
Los éxitos operativos de estas novedades científicas y tecnológicas
son de tal forma abrumadores que en los próximos 50 años
nada va a quedar como era antes. El panorama de una vanguardia eugénica
dirigiendo un planeta de esclavos del sexo reproductivo, víctimas
de las previsiones maltusianas más pesimistas, es seguramente el
más voluptuoso sueño de cualquier puritano de raza, ¡además
de una defendible salida teórica para los ciclos de sobreproducción
transgénica!
Difícilmente vamos a poder evitar que los radicales del eugenismo
procedan, en los próximos cinco o diez años, a la divulgación
de un clon humano, incluso ya crecidito, saludable y socialmente integrado.
Una vez probada, entonces, la amoralidad y aun la inocencia del procedimiento,
el mundo inevitablemente se dividirá entre heterogenistas y eugenistas
convencidos. Sin embargo, el debate ha empezado ya entre los partidarios,
algo indefensos, de la naturaleza y los nuevos filósofos de la
transformación y la inmortalidad egoístas. En un punto sí
van a estar ambos bandos de acuerdo: si es posible defender y prolongar
la vida, será, entonces, legítimo hacerlo. Y todos estaremos
interesados en una posibilidad como ésa, aunque sea a través
de una vía inicialmente dolorosa. Pero, hasta entonces, más
de uno aceptará someterse en vida a un proceso de criogenización
total o parcial del cuerpo, con la vista puesta en su resurrección
en cuanto las condiciones científicas y tecnológicas lo
aconsejen. 
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Otra consecuencia
de la evolución de la ciencia y de la tecnología de la vida
artificial es la posibilidad de crear alimentos nuevos (en especial, alimentos
cárnicos) genéticamente tratados, lo que nos llevará
al final de la era de la domesticación de animales para sacrificar
y a moratorias pesqueras cada vez más drásticas. El queso
y el yogur figurarán, pues, en la historia de la alimentación
humana como los grandes antepasados de la nueva cadena de alimentos artificiales
de origen animal. La carne clonada (y, obviamente, transgénica)
llegará a los mercados alimentarios bajo la etiqueta de alimento
perfectamente regularizado. ¿Cuando ocurrirá esto? Posiblemente
cuando el "mal de la vacas locas" se vuelva incontrolable; y
ello autorizará, entonces, la aplicación de soluciones alternativas,
ya probadas en ambientes controlados o en fase de incubación tecnocientífica.
La alimentación vegetariana es y seguirá siendo una importante
alternativa a las estrategias cárnicas y neocárnicas.
No obstante, uno de los temas más controvertidos y estimulantes
de la vida artificial es la posibilidad teórica de copiar datos
de la memoria humana. Aunque remota aún, esta posibilidad de realizar
transplantes e implantes de datos de y en cerebros humanos, ofrecería
probablemente una gran ventaja estratégica a los eugenistas radicales.
Los escenarios de la ficción científica son verosímiles,
preocupantes y atractivos. Y tendrán un impacto profundo y duradero
en la creación artística actual y futura.
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../de
la pornografía dulce
En la evolución demográfica y moral de las sociedades industriales
y posindustriales se observa una implacable tendencia al descenso de la
natalidad, al envejecimiento de la población y al retroceso de
la heterosexualidad estricta. La reproducción de la especie va,
lentamente, dejando de ser una prioridad de la misma especie. Las causas
principales de esta transformación filogenética son: la
drástica reducción de la economía agrícola
de subsistencia, el final progresivo de la economía familiar en
las ciudades, la proletarización de la mujer y la prolongación
de la escolaridad obligatoria. La familia tradicional, matrimonial y reproductiva,
está en crisis y no parece que pueda evitarse un agravamiento de
la misma. La percepción de la familia como un contrato cada vez
más temporal, del cual se derivan sucesivas reconstituciones del
grupo familiar, dando origen a toda clase de originalidades jurídicas,
metaparentales y afectivas, origina, por otra parte, una revisión
gradual de los tabúes sexuales en los que se han basado las ideologías
y las conductas humanas en el transcurso de los últimos milenios,
así como una redefinición cultural de la función
sexual y el erotismo. También en esto el siglo que acabamos de
empezar promete venir a radicalizar algunas novedades en los comportamientos,
que, de algún modo, se anunciaban ya en las últimas décadas
del siglo XX.
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El crecimiento
y la progresiva aceptación social de la homosexualidad masculina
y femenina han conducido directamente a la noción, hoy plenamente
compartida, de que la libertad sexual es una conquista razonable, y que,
por consiguiente, el derecho a una sexualidad alternativa deberá
incluirse entre los derechos constitucionales del ciudadano. A la pregunta
sobre los límites de esta libertad, no parece que nadie esté,
por ahora, dispuesto a responder. Pero a ello se llegará, y más
pronto de lo que se espera.
La primera separación metodológica a introducir en este
debate es la diferencia entre consentimiento, explotación y coacción.
Los dos últimos términos se refieren al universo de la moralidad
y legalidad democráticas, por lo que deberán tratarse en
el mismo plano político y jurídico que todos los demás
aspectos de la integridad física, económica, social y moral
de los individuos. En el ámbito del consentimiento, por el contrario,
se inserta la interesante y fecunda discusión, que podrá
llegar a establecerse, sobre la nueva sexualidad. La primera idea que
va camino de hacerse indiscutiblemente aceptada es la de que el sexo,
es decir, la práctica sexual, además de ser una actividad
libre, consentida y gratuita, puede ser, a la vez, aunque en un plano
subjetivo y emocional distinto, objeto de diferentes actividades profesionales
y económicas. La polémica aquí se reduce al debate
sobre la necesidad de la despenalización, regulación y legalización
de la prostitución.
En una era en que la sexualidad no reproductiva se ha hecho omnipresente,
nadie consigue explicar por qué consideramos normal triturar las
neuronas del adversario en un combate de boxeo, o matar toros en una espectáculo
público, a la vez que se condena la prestación de servicios
sexuales. No vale la objeción del SIDA, en la medida en que se
extiende a todos los regímenes de actividad sexual, sin excepción.

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Legalizada
la homosexualidad masculina y femenina, así como la bisexualidad,
quedan por aclarar conformidades y reservas mentales respecto de las llamadas
perversiones sexuales que van más allá del coito anal y
del coito oral, hetero u homosexual. ¿Qué respuesta daremos,
por ejemplo, a tabúes como el incesto, la pedofilia, la zoofilia,
la coprofilia o el sado-masoquismo, entre otros?
Antes incluso de que las sociedades posmodernas estén preparadas
para discutir estas cuestiones, la pornografía ha deflagrado como
una verdadera bomba mediática delante de todos nosotros (adultos
y niños). En Portugal, por ejemplo, un canal con derecho de transmisión
comercial en una emisora de televisión con participación
estatal exhibe diariamente películas de "porno duro".
Como ocurre en otros países, donde este fenómeno también
se da, y como ocurre en Internet, los sitios y canales pornográficos
son los responsables "invisibles" del éxito comercial
de muchos iniciativas empresariales "inocentes".
Asistimos, además, al nacimiento de numerosas actividades profesionales
dedicadas a eliminar tabúes sexuales y a la defensa declarada de
la creatividad erótica. Los gimnasios de liberación sexual
suceden en la moda a los consultorios eróticos, difundidos por
todos los media. Pero, al igual que ocurre en el mundo del tráfico
de drogas, los grandes "trusts" de la explotación sexual
intentarán mantener su cuota de expoliación militando en
los laberintos oportunistas del poder a favor del prohibicionismo sexual.

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La sobreexposición
erótica actual, cuyo mejor reflejo es la tendencia a la progresiva
aceptación social de la pornografía, suscita retos interesantes
al arte contemporáneo. El erotismo siempre ha sido una prerrogativa
de las artes. Éstas tenían, por así decirlo, una
licencia especial para trabajar sobre la exposición de los cuerpos
y la representación de la libido. No obstante, con el predominio
del informalismo, de la abstracción y, en general, del puritanismo
iconoclasta en el arte moderno, el artista de vanguardia se ha apartado
de ese territorio privilegiado que es la representación poética
y el erotismo, dejándolo en manos de la fotografía, el cine
y la televisión, nuevos espacios de representación -en los
que se acumulan los ámbitos lingüísticos, en otro tiempo
bien delimitados-; se ha apartado de la imitación más o
menos imaginaria del mundo, de su copia aparente, de la información
y de la producción de extrañeza...
El rechazo de la libido practicado por las vanguardias puritanas ha tenido
el valor de una tendencia, a fin de cuentas breve y superficial, de la
estética occidental. El siglo en el que acabamos de entrar será
testigo del más completo barrido de las tendencias más implosivas
de la abstracción y el conceptualismo, resucitando pedagógicamente
el sano erotismo y la saludable anarquía del dadaísmo, del
que el situacionismo de Guy Débord fue su última gran manifestación.
El arte que viene resucitará, aun, la crítica radical y
subjetiva del mundo, recuperando la lógica inicialmente corrosiva
del arte pop, protagonizado, entre otros, por Richard Hamilton y Öyvind
Fahlström, artistas casi siempre subestimados por las pseudohistorias
del arte del siglo XX.
La pornografía tiene efectos terapéuticos y puede incluso
tomarse como una modalidad de filosofía radical, centrada en la
carne, en la percepción y en los fantasmas de la imaginación.
¿Como hemos podido dejar de considerarla un tema serio del arte?

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../de la cultura online
Las artes que a lo largo del siglo pasado supieron anticipar
la lógica de la globalización (aprendiendo a manejar la
tecnología y la información de masas), y aquellas otras,
que, por el contrario, se han visto condenadas a la entropía fenomenológica
(me estoy refiriendo, claro está, al suicidio de algunas "vanguardias"),
tienen ante sí un mismo y único camino de salvación:
el camino de la interactividad digital.
Así, y por insípida que hoy pueda parecer alguna "net
art", lo cierto es que todo lo nuevo que aporte este siglo al arte
contemporáneo tendrá su vórtice en el interior de
las redes digitales y se desarrollará orgánicamente como
una de las numerosas dinámicas características de la tecnosfera.
Hacia 1993, este nuevo mundo, suma de acontecimientos y representaciones
analógicas y digitales de la realidad, comenzó su andadudra
rizomática. Parecía, aquel año ya lejano, que iba
a ser tan sólo una réplica digital del viejo orden. Pero
empezamos ahora a percibirlo como una auténtica "extensión"
de la realidad. Es decir, como una hiperrealidad.
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El orden iconológico preindustrial, fundamentalmente clásico,
medieval y renacentista, se vio brutalmente sacudido por la aparición
de la fotografía, el cine y la televisión. El mundo, hasta
ese momento, obedecía a un punto de vista que era, ante todo, el
punto de vista de una autoridad trascendente, intocable, manipuladora y
fantaseadora. La sociedad burguesa, durante su propio proceso liberación,
y después, durante la fase de afirmación de su programa ideológico,
económico y social, pedía libertad; también para la
mirada. Necesitaba una cierta medida de verdad para alcanzar sus fines contra
el viejo orden monárquico y clerical. Algunos pintores, como Goya,
Manet y Courbet, supieron intuir esta necesidad al instaurar las bases del
realismo moderno, que influiría sobre toda la figuración objetiva
del siglo XX. Inevitablemente, esta tendencia estética acogería
con optimismo los descubrimientos de Daguerre y de la generación
que lo acompañó en el perfeccionamiento de la fotografía.
La prensa y la posibilidad intrínseca de imprimir ilustraciones en
amplias tiradas son la culminación de la anunciada liberación
de las artes del mundo de la fantasía; y ello en nombre del republicanismo
burgués, de la razón y de esa nueva categoría social
a la que se llamaría Pueblo, con P mayúscula.  |
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No obstante, la objetividad fotográfica y los periódicos eran
demasiado importantes para continuar bajo la égida de las Artes y
las Letras. El periodismo se hizo, pues, inevitable y, con él, la
dulce manipulación democrática de nuestras conciencias. Asociadas
a los nuevos medios de comunicación de masas, la tecnología
de la prensa, de la fotografía y, más tarde, del cine y la
televisión dependían de fuertes inversiones para alcanzar
una rápida evolución (que venía inducida por la lucha
mercantil, más agresiva cada vez, entre los empresarios del nuevo
orden social). El artista al servicio del nuevo poder de la comunicación
entró rápidamente en un proceso de proletarización
galopante. Y, cuando logró escapar de la proletarización,
lo hizo para establecerse como artista comercial, proveedor de imágenes
y textos a medida para una clientela poco tolerante y poco educada. Se acostumbró
lentamente a los editores autorizados a podar sus imágenes y sus
letras en aras de los superiores criterios de percepción, legibilidad
y buena digestión conceptual. En resumen, dejaba de ser considerado
un mensajero de Dios y de la Belleza. La trivialidad se impuso como régimen
dominante en la ilustración y en la crónica. Se entiende,
pues, por qué era inevitable la escisión entre los creadores
integrados y aquellos que, rechazando dicha integración, acabarían
convirtiéndose en esa especie de genios apocalípticos que
tan bien ha caracterizado el arte moderno y contemporáneo.  |
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Si el reino de la objetividad había sido usurpado, en nombre de la
verdad y del Pueblo, por la burguesía triunfante, sólo les
quedaba, a aquellos que no estuviesen dispuestos a someterse al nuevo régimen
de manipulación iconológica, aproximarse a las heterodoxias
y a los utopismos ideológicos que, de forma más o menos generalizada,
empezaban a desmistificar el nuevo orden burgués. Por esa brecha
ganaría fuerza la idea del arte por el arte; es decir, un arte cuya
manifestación fuese única y exclusivamente el resultado de
un acto desinteresado, libre y espontáneo "de la" Creación.
A partir de esta confrontación, y tal vez hasta hoy mismo, el arte
occidental se ha transfigurado en una voz crítica y en una imagen
corrosiva de la realidad. Por la imposibilidad de competir con los poderosos
medios de propaganda y comunicación generados por los poderes económicos
y políticos, terminaría encaminándose por uno de las
dos senderos aislacionistas: la desfiguración neurótica del
mundo o la abstracción (que es también una forma de desfiguración...).
Expresionismo, cubismo y neoplasticismo son una clara evidencia de la enorme
propensión analítica que condicionaría la esencia del
arte del siglo XX. Los protagonistas iniciales de esta retirada estratégica
eran pintores como Monet, Cézanne, Matisse, Van Gogh, Picasso, Klimt
y Mondrian.  |
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Lo irónico del caso radica, no obstante, en que tal retirada haya
acabado ajustándose perfectamente a la lógica burguesa de
la alienación y de la separación, lógicas éstas
sobre las cuales se han asentado las condiciones de su propia reproducción
ampliada como modelo de crecimiento destructivo. Aisladas en las torres
de marfil de la metafísica - fenomenológica y psicodramática
-, las vanguardias del arte moderno y contemporáneo han visto agostarse
su energía en una segunda confrontación que, como la primera,
han terminado perdiendo: el choque con las materias de conocimiento muy
autonomizadas para entonces. Adonde quiera que dirigiesen su especulación
(filosófica, metafísica, psicológica, política,..)
sus proclamaciones se estrellaban contra campos epistemológicos ya
constituidos, y más competentes e informados que lo que permitiría
una supuesta clarividencia estética. En este largo caminar hacia
el agotamiento perceptivo, el arte del siglo XX terminaría dejándose
reducir a una materia opaca e intraducible, cuyo valor de uso se ha ido
desfigurando gradualmente en nombre de la usura y del superior valor del
trueque especulativo, del exhibicionismo social y del blanqueo de capitales.
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La lógica del capitalismo domina el mundo. Y, por consiguiente, nos
mantenemos todos separados, unos de otros: en nombre de la eficacia del
sistema. No se trata de especular sobre la posibilidad de que los artistas
regresen por fin a casa cual hijo pródigo, sino de recuperar metodologías
agresivas de las vanguardias históricas del siglo XX (como el dadaísmo,
el constructivismo, el concretismo y el movimiento situacionista) para lanzar
nuevas estrategias de guerrilla simbólica contra la eterna falta
de imaginación y brutalidad poética de los agentes del capitalismo.
Y, en este punto, lo más interesante nos llega de las virtualidades
intrínsecas de la tecnosfera, cuyo uso supone un dominio previo de
sus mecanismos y normas. Al contrario de los pintores que volvieron la espalda
a la fotografía, tenemos que imitar el entusiasmo con que los constructivistas,
hacia 1917, se asían a los nuevos tiempos. El sueño constructivista
duraría lo que duraron las fantasías y las ilusiones bolcheviques.
Pero aún así permanece en la memoria de las artes como uno
de los escasos momentos del siglo XX en que la sensibilidad, la comunicación
y la técnica fueron capaces de producir una simbiosis única
de creatividad y sentido social. Ni manipulación, ni autismo. Sencillamente,
¡la fiesta de una gran utopía!  |
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El
mundo web es una galaxia digital en expansión. Los motores de búsqueda
sólo alcanzan un 25% de su extensión en cada búsqueda
realizada. Aún así, las respuestas a nuestras preguntas afluyen
abrumadoras. ¿Debemos disciplinar nuestros sistemas de navegación?
¿Podremos, por otra parte, actuar fuera de una comunidad concreta
de intereses? Y, si actuamos solamente en el seno de un número limitado
de comunidades virtuales, ¿tendremos alguna noción de la zona
del universo que estamos explorando? Nuestra nave (de-game.org/) tiene una
misión específica: atraer y ser atraída por todo aquello
que guarde relación con el conocimiento, la crítica, la creación
y la difusión de juegos electrónicos, y aun con las relaciones
de apropiación y desviaciones introducidas en este terreno por los
artistas, vengan de donde vengan. Es un principio de acción y un
método de análisis, presentados, en el contexto de esta iniciativa,
como un desafío.
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../y
del juego
El tiempo disponible en las sociedades futuras estará ocupado en
una parte muy importante por actividades agonísticas. Los juegos
electrónicos, especialmente cuando se comparten a través
de Internet, generan fuertes lazos de solidaridad agonística. Mientras
los espectadores de televisión ven concursos o carreras de coches,
los jugadores de Playstation y los internautas que disputan torneos de
Quake en Internet participan de forma efectiva en los juegos. Los simuladores,
cada vez más sofisticados y realistas, llevan a los jugadores a
vivir experiencias de total inmersión fenomenológica. Por
otra parte, en los juegos de estrategia del tipo Summons to Surrender
los jugadores pueden vivir una vida paralela durante meses y años.
A medida que las modelaciones, las animaciones y la inteligencia de los
protagonistas digitales se van haciendo más sofisticadas, mayor
es la empatía establecida entre el jugador y estos actores. El
grado creciente de complejidad de los mundos, de los teatros de operaciones
y de los actores virtuales convierte la experiencia del juego en cada
vez más interactiva. No sólo la "performance"
física, sino también la creciente importancia de las características
psicológicas y biográficas de los jugadores digitales contribuye
a su progresiva integración social en el universo individual de
los jugadores humanos. Modificar las texturas de estos juegos, vestir
y desvestir a sus héroes y heroínas, modificar el sistema
disponible de armas, etc., son algunas de las prácticas intrusivas
(autorizadas o no por los fabricantes de los juegos) muy en boga actualmente
entre las comunidades de jugadores. 
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Este intenso
dinamismo tecno-cultural, inyectado en el mundo por los creadores y generadores
cibernéticos de nuevos paisajes y nuevas narrativas virtuales,
ha despertado la curiosidad de un creciente número de artistas,
que ven en este frenesí una excelente ventana de oportunidades
para sus incursiones de desviación.
António Cerveira Pinto
traducción para español: Sergio Brandão
Cardoso dos Santos
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